Incidencia mundial en CSW60 Ana Lucía Márquez Escobedo

En Marzo, tuve la oportunidad de unirme a cientos de niñas y jóvenes mujeres en la 60ª sesión de la Comisión Anual de la Comisión Jurídica y Social de la Mujer en la Organización de las Naciones Unidas (CSW).

Junto con ocho líderes de Girl Child Platform (la Plataforma de la Niña) de Suecia, abogamos por dos objetivos: que los derechos de las niñas y mujeres deben ser considerados en todas las agendas de desarrollo; y que las niñas, jóvenes y mujeres necesitamos definir, en nuestros propios términos, qué es el empoderamiento de niñas y jóvenes y cuál es el papel de los gobiernos en promoverlo.

Primero que nada, los derechos de las niñas deben de ser definidos de una forma comprensiva y ambiciosa. Los gobiernos, en alianza con la comunidad internacional de desarrollo (organismos internacionales, sociedad civil, sector privado), deben garantizar que cada niña tenga el derecho a una vida libre de violencia y discriminación; el derecho a la salud, educación y nutrición adecuada; el derecho al agua y el derecho a un ambiente saludable. Todos estos derechos deben de ser garantizados para poder asegurar el bienestar de las niñas.

En las reuniones y eventos de la CSW, las integrantes de la Girl Child Platform, trabajamos para resaltar los derechos de las niñas en la agenda y para asegurar que todos los derechos se protejan, respeten y garanticen. Cuando se trata de políticas internacionales de desarrollo, los gobiernos tienden a comprometerse con el mínimo para asegurar un acuerdo global; pero, cuando se trata de los derechos de las niñas, no puede haber compromisos. Y éstos deben de ser garantizados para todas, sin importar si una niña vive en la ciudad o en una comunidad rural; sin importar si la niña vive en un país en conflicto; sin importar la raza, ubicación geográfica, estatus migratorio o condición socioeconómica. Los gobiernos tienen la obligación de asegurar que ninguna niña sea olvidada.

A pesar de que existen muchos programas y políticas promoviendo la igualdad de género alrededor del mundo y en México, el problema no es el “qué” si no el “cómo”. Las políticas de educación, de combate a la pobreza y de avance en los derechos reproductivos tienen frecuentemente un enfoque asistencialista de “arriba hacia abajo”. Están basadas en la misma mentalidad patriarcal que ha sido la causa de los distintos tipos de desigualdad y frecuentemente generan dependencia, resignación y privación de derechos. Para poder cambiar esto, la comunidad internacional y los gobiernos nacionales deben poner a las niñas y jóvenes en el centro de sus políticas y verlas como los agentes principales de cambio. Las políticas públicas no pueden ver a las niñas como víctimas o como beneficiarias sino reconocer su valor inherente y liderazgo en la lucha contra la desigualdad de género.

Los gobiernos deben reconocer que la desigualdad de género está basada en relaciones desiguales de poder. Las políticas necesitan ser más audaces para transformar esas estructuras sociales y las relaciones que mantienen el patriarcado en su lugar. Una manera efectiva de hacerlo es invertir en su empoderamiento.

El empoderamiento de las niñas ahora ha estado al centro del debate global, sin embargo, deberían ser las niñas, las adolescentes, y las mujeres jóvenes quienes definen lo que significa ésto en la realidad.

El empoderamiento ocurre cuando las niñas o jóvenes mujeres entienden que ellas tienen derechos y reconocen su valor inherente. El empoderamiento sucede cuando una niña ya no internaliza las relaciones de poder desigual entre mujeres y hombres. Acontece cuando una niña o joven mujer ya no se cree menos sino que se ve como una líder con los recursos, la libertad y la posibilidad de moldear su vida, su comunidad y su país. Éste proceso no ocurre de la noche a la mañana y que normalmente no está incluido en la planeación de políticas ni en los procesos de rendición de cuentas e indicadores.

El empoderamiento de las niñas y jóvenes mujeres es un proceso individual y colectivo de largo plazo. Invertir y promover el empoderamiento de las niñas y jóvenes es la única forma que se pueden transformar las relaciones de poder y las normas sociales que perpetúan la desigualdad. Aunque haya programas sectoriales de salud, educación e ingresos, si  no se fortalece el liderazgo de las niñas y mujeres y hay un enfoque en las estructuras sociales, la desigualdad de género continuará.

El proceso de empoderamiento varía de acuerdo a los diferentes contextos. No existe una solución, plan o política que funcione para todas. Por lo tanto, es clave que las niñas y las jóvenes estén en los espacios de toma de decisiones y de diseño e implementación de políticas a nivel global, nacional y local. Las nuevas generaciones de niñas y jóvenes creemos en que es necesario y posible construir un mundo donde  haya la igualdad de género y la justicia. Queremos participar en las políticas para definir nuestros derechos en nuestros propios términos y para aportar en la construcción de las políticas. Dado a que ya se firmó la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, éste el momento para que los gobiernos y la ONU vayan más allá de su discurso  de empoderamiento y derechos, e integren nuestras aportaciones, críticas y contribuciones. Nuestra participación en los espacios globales como la CSW y en las políticas públicas nacionales es la única forma en la que podemos cerrar la brecha entre promesa y realidad.

Este artículo fue originalmente publicado en el blog Girls´ Globe y se puede leer en inglés aquí.

Ana Lucía Márquez Escobedo

Ana Lucía es Gerente de Incidencia en Políticas Públicas en The Hunger Project México donde busca promover el desarrollo comunitario, la igualdad de género, la democracia participativa, la agricultura familiar y el derecho a la alimentación en las políticas públicas nacionales y las agendas globales del desarrollo. Ana Lucía trabaja con instancias gubernamentales a nivel federal y coordina y participa en redes internacionales y nacionales de sociedad que buscan avanzar los distintos temas en la agenda de THP México. Entre las redes principales, están la Red de Desarrollo Comunitario, la Coalición de Acción Internacional para el Desarrollo México y la Red Mexicana para la Agricultura Familiar y Campesina. En su trabajo, ella busca vincular las agendas globales con las políticas públicas nacionales y los procesos comunitarios de desarrollo. Cuenta con experiencia en procuración de fondos, incidencia en políticas públicas y el diseño, implementación y seguimiento de proyectos de desarrollo en organizaciones como CASA A.C., Fundación Comunitaria del Bajío y Fundación Tarahumara José A. Llaguno. Ella tiene una licenciatura en Relaciones Internacionales y una especialidad en derechos humanos y francés de Knox College (Illinois) y actualmente está cursando la Maestría en Políticas Públicas Comparadas en la FLACSO México. Forma parte de la red global del Kellogg Fellowship Leadership Alliance.

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