Los sujetos de cambio en un mundo global: la identidad y las instituciones Susana Cruickshank

Introducción

¿Por qué, cómo y cuándo los sujetos deciden cambiar las instituciones en las que viven? ¿De dónde surge la necesidad del cambio en la sociedad desde los sujetos? ¿Es necesaria una ciudadanía global ante las fuertes crisis que enfrentamos como humanidad? Cuando las instituciones no logran legitimación en la sociedad, la participación ciudadana es una acción de transformación, con diferentes estrategias y desde diferentes espacios. Una pregunta clave es si la participación ciudadana es evidencia de que nació la consciencia en los sujetos que buscan el cambio. La ciudadanía global, sin nacionalidad, pero buscando el cambio de instituciones internacionales puede ser un nuevo sujeto transformador. Las experiencias en los espacios de Naciones Unidas sobre diferentes temáticas permiten verlo.

Aunque en este artículo me refiero al sujeto, como sujeto social, como sujeto de cambio, es importante reflexionar que el cambio o la transformación de las instituciones, además de ser analizada desde los sujetos transformadores, debe ser analizada desde la acción colectiva y desde la teoría de cambio. Una vez que los individuos se construyen en sujetos, el vínculo con quienes comparten una identidad (identidad colectiva) es fundamental en la construcción del cambio y también los son todos los factores del contexto que contribuyen a que las instituciones cambien.

Esto en el ámbito de las instituciones internacionales lo vemos reflejado en los “Caucus” o “Major groups” dentro de Naciones Unidas. A pesar de que puedan tener simpatías por diversos temas, los “Caucus” o “Major Groups” se agrupan por identidades: jóvenes, mujeres, indígenas, ambientalistas, empresarios, investigadores, etc. Estos grupos buscan incidir en las decisiones de los países y grupos de países en las diferentes conferencias temáticas de las Naciones Unidas: Desarrollo Sustentable, Población, Cambio Climático, Migraciones, Agenda de Desarrollo y otras. Es importante destacar que no es la institución quien los agrupa. Estos grupos participan a nivel nacional en movimientos colectivos con demandas locales o nacionales que vienen a manifestar y dar a conocer en este ámbito internacional que tan sólo abre el espacio y da el reconocimiento que se ha demandado previamente.

Identidad Colectiva

La construcción de una identidad colectiva, ya sea por territorio, identidad racial, ideológica, política o de género, permite la construcción del sujeto colectivo. En diferentes regímenes políticos: dictaduras o democracias, el Estado se transforma gracias a la acción de los sujetos, ya sea desde las élites o desde los movimientos sociales.

En el mundo actual, la necesidad de transformación de los espacios locales, nacionales e internacionales de tomas de decisión, es central ante crisis societales tan fuertes como las que enfrentamos a nivel planetario. Las diferentes crisis globales y sus expresiones locales, son los acontecimientos que han despertado la acción de los sujetos a través de luchas y demandas de cambio. En algunos casos, es necesario llevar estas luchas o demandas a espacios internacionales debido a la influencia que éstos pueden tener sobre los gobiernos nacionales, entonces se convierten en luchas globales.

La construcción de identidades globales es fundamental en este momento societal en el que muchos temas y problemas se comparten también a nivel global. En este momento histórico existen muchas instituciones internacionales que han concentrado las demandas de ciudadanos del mundo, sin embargo son las Naciones Unidas, con toda su crisis de credibilidad, la instancia internacional que tiene la representación de la mayor parte de los países y que en sus diferentes conferencias aborda las mayores problemáticas internacionales y globales.

La acción colectiva global es dialéctica : es posible que la transformación de los sujetos se genere a partir de los acontecimientos de crisis locales (económicas, ambientales, de derechos humanos, etc.) y desde la articulación de diferentes movimientos locales, pero la participación de estos actores locales en el espacio global, permite la construcción de sujetos y luchas globales, que buscan espacios globales pues éstos últimos se fundamentan en normatividad internacional a la que los gobiernos nacionales están comprometidos.

Los sujetos de transformación han cambiado con respecto a los que se concebían en la primera y en segunda mitad del siglo pasado. Los movimientos sociales de principio de siglo eran los obreros y campesinos que buscaban un cambio en la estructura económica. Los “nuevos movimientos sociales” de la segunda mitad de los 70 del siglo XX, generaron una nueva visión de los sujetos transformadores. Ya no serían sólo los obreros o los campesinos los sujetos de cambio, sino las mujeres, los indígenas, las víctimas y defensores de los derechos humanos, ciudadanas y ciudadanos identificados con la necesidad de cambio. Los cambios en esta etapa no se enfocaron exclusivamente en la estructura, sino en espacios estratégicos acotados, como son las políticas públicas.

Contexto económico, social y político actual como “acontecimiento”

Revisando las condiciones en las que surgen los sujetos de cambio y sus identidades, el contexto es fundamental para su surgimiento. Para Alan Badiou, sólo hay verdadero sujeto si hay “fidelidad” de un acontecimiento pues “…muchos individuos nunca serán auténticos sujetos, ya sea porque no tuvieron la oportunidad de estar expuestos a un acontecimiento, ya sea porque, habiendo estado expuestos a uno, no dieron pruebas de fidelidad a él.”[1] Para el autor, un acontecimiento es algo innombrable, universal y que parte una situación en un antes y un después.

Las diferentes crisis que enfrenta la sociedad actualmente han generado movilizaciones sociales en todo el mundo. Sería casi imposible decir que alguien no ha estado expuesto a un acontecimiento. Sin embargo el acontecimiento tiene que ver con el significado que el individuo le da a la realidad. La forma en la que el individuo es interpelado por la realidad genera subjetividad o no, en otras palabras actúa para convertir a un sujeto en transformador o no.

Algo debe pasar, ya sea un río contaminado por empresas, petróleo derramado, millones de seres humanos muriendo por desnutrición o guerras, intereses económicos por encima de intereses de las personas, seres humanos migrando buscando huir de la violencia, mujeres muertas a causa de violencia o por causas asociadas a su género, y un largo etcétera. Los individuos colocan el significado que le dan a la realidad, a través de los elementos materiales de la situación, forzados a dejarse atravesar por un proceso iniciado por la intervención “acontecimiental”. Cuando pensamos en la construcción del sujeto transformador, sin embargo, la intervención en el acontecimiento, la fidelidad a éste, son clave en el aquí y ahora de la formación de los sujetos.

 

 Las Instituciones y el cambio

Por otro lado y de manera paralela pero articulada, analizamos a las instituciones como reflejo de la necesidad humana del orden; cumpliendo funciones vitales para el ordenamiento de la sociedad, y totalmente necesarias. No solo en su papel funcionalista, sino en el reflejo de símbolos y significados que se construyen reflejo de la sociedad, que son el cemento de ésta. Revisando los elementos que brindan legitimidad a las instituciones, uno clave es el lenguaje simbólico, factor fundamental que permite que éstas mantengan en el tiempo, su transformación constante, continua.

Como dice Castoriadis: “Las instituciones no se reducen a lo simbólico, pero no pueden existir más que en lo simbólico.”[2] Entendiendo que el símbolo es la mediación entre el sujeto y la realidad, las fronteras entre la convención y la arbitrariedad no son claras. Por lo tanto, las formas de legitimación de las instituciones se vuelven un tanto complejas en el ámbito nacional y mucho más en el ámbito internacional. No es neutral la construcción de un sistema simbólico: “La sociedad construye cada vez su orden simbólico.”[3]

Cuando surge una institución, con sus símbolos y significados, no se plantea de entrada la contradicción posible entre la realidad y lo que el sistema simbólico representa. En el camino histórico de las instituciones, la cada vez más racional construcción simbólica, sigue aun apelando a las emociones o al inconsciente colectivo. El reto de las instituciones internacionales en apelar al inconsciente colectivo es muy grande ante las fuertes crisis globales, ante la evidente necesidad de gobernanza en el ámbito global.

Si bien no puede decirse que el simbolismo institucional determina la vida cotidiana de una sociedad, lo es cierto que es la misma sociedad quien genera la transformación del orden simbólico de las instituciones. Castoriadis afirma que esta construcción no se da en total libertad y que es influenciada por la historia, por la convención, por la arbitrariedad y en una mínima medida, por la racionalidad.[4] El componente clave que introduce Castoriadis es el imaginario colectivo. Entendiendo por éste lo inventado, la capacidad de inventar o evocar una imagen de manera colectiva.

Cuando las instituciones retoman vida por sí mismas, cuando el ser humano les otorga vida propia y se apoderan del imaginario colectivo, se convierten en parte de una estructura imaginaria que por sí misma difícilmente será capaz de transformar un sistema simbólico de la misma sociedad. Excepto, si los sujetos son capaces de replantearse ese orden simbólico que no es capaz de seguirse legitimando a sí mismo. La sociedad debe ser capaz de darle un nuevo significado que permita a la institución seguir con vida y a su vez, las instituciones deben brindar los espacios de su propia transformación. ¿Cómo se logra esto tan complejo? El replanteamiento del orden simbólico debe venir de los sujetos transformadores, de aquellos que se han hecho conscientes de que los significados del imaginario colectivo dejaron de funcionar y necesitan ser reinventados para evitar el resquebrajamiento.

El factor legalidad es otro fundamental en este replanteamiento, también lo son valores como igualdad, justicia, verdad, derechos. Valores que son demandados desde los nuevos sujetos de transformación como fundamentales para que la sociedad funcione. En la construcción de la ciudadanía global, la legalidad de los organismos internacionales, así como los principios éticos y de derechos humanos son factores centrales.

Hacia las identidades globales

Regresamos ahora a la construcción de identidades retomando los temas anteriores. La identidad individual se da a partir de diversos elementos, pero la visión que los otros tienen del individuo y la visión que éste se construye de sí mismo a partir de los otros son fundamentales. Así como la construcción de la identidad individual se constituye de diferentes factores, la identidad colectiva es compleja en su construcción hacia sujetos transformadores.

La acción colectiva tiene para su existencia la necesidad de tener objetivos comunes. La identidad colectiva implica procesos de construcción complejos que dependen sin duda de compartir símbolos y significados comunes, pero también y sin lugar a dudas, del reconocimiento mutuo y del externo. Construir objetivos comunes es entonces clave en la acción colectiva.

La construcción y la búsqueda de reconocimiento de los diferentes movimientos ha variado también de una época a otra. Como se mencionó anteriormente, desde los movimientos obreros y campesinos se buscaba un cambio estructural económico; los “nuevos movimientos sociales” han construido sus identidades comunes a partir de símbolos de luchas por reconocimientos de identidad de género, la construcción de paz, de lucha por la sustentabilidad del medio ambiente, por el respeto de los derechos humanos.

La diferenciación entre las luchas de clase y los nuevos movimientos sociales que fundamentalmente comparten símbolos y elementos de carácter cultural, no necesariamente son excluyentes. Actualmente los movimientos que buscan el cambio estructural en lo económico, no están lejanos a aquellos que buscan el cambio en la estructura cultural y viceversa. No son luchas disyuntivas y sí se acercan a la realidad mediante categorías que son híbridas[5]. Así por ejemplo, la lucha por el reconocimiento de los derechos indígenas confluye en muchos momentos con las luchas por el respeto a la conservación sustentable de los bosques o a tener ríos limpios y también con las luchas por tener economías sustentables.

Para Nancy Fraser, el reconocimiento en ambos casos es una categoría política y no moral. Ella introduce el principio de “paridad en la participación”. Este concepto en sí implica que toda persona tenga los medios necesarios para hacer escuchar su voz. En un diálogo con el análisis de la construcción de sujetos transformadores, es importante señalar que en un régimen democrático, las mayorías pueden acceder a los medios para hacer oír su voz. El problema principal se centra en las dificultades que estas democracias generan para la construcción de sujetos transformadores realmente. Los medios de comunicación y entretenimiento con basta información, las necesidades creadas a partir de éstos, los prototipos construidos por ellos, la necesidad de subsistencia de los individuos generada por un sistema boraz, son factores que hacen difícil la construcción de sujetos transformadores.

Para concluir esta reflexión sobre las identidades globales y los sujetos transformadores, me parece necesario recurrir a Seyla Benhabib. Benhabib desarrolla su teoría del “cosmopolitismo”[6] como una teoría del reconocimiento a nivel internacional. Benhabib fundamenta el “universalismo dialógico” que pretende brindar un espacio para la negociación de normas y significados compartidos más allá de los particularismos identitarios y las diferencias culturales entre grupos y territorios. En este sentido, la aparición de una normatividad internacional, en la segunda parte del siglo XX, que pretende garantizar el respeto de la dignidad moral y brindar protección jurídica a las personas en virtud de su estatus como ser humano y no como ciudadano de un Estado-nación particular, es fundamental en la construcción de identidades globales. También la autora aborda el proceso de apropiación de esta normatividad internacional en el ámbito nacional, describiéndolo como un proceso iterativo de apropiación en el que se traduce una norma internacional a las instituciones nacionales.

Sin duda Benhabib se refiere a las diferentes identidades construidas en la significación de la realidad, pero en una estructura cultural. Se refiere a la diferencia y a la posibilidad de conflicto, pero al mismo tiempo, a la posibilidad de construirse de manera universal como sujetos con identidad colectiva universal. Estas dos premisas no son excluyentes para ella.

En las diferentes conferencias de Naciones Unidas es claro que los ejes en los que se centra la identidad global de los sujetos que confluyen con demandas de cambio, está en la legislación internacional que sustenta a las mismas y en los principios éticos y de derechos humanos que esta legislación reconoce. Las diferentes demandas apuntan al reconocimiento por parte de los Estados parte de Naciones Unidas a esta legislación, por una lado, y a protocolos y/o mecanismos internacionales que hagan exigibles estas legislaciones en el ámbito nacional, es decir, se demanda la existencia de instituciones que permitan cierto orden global.

Algunas reflexiones finales

Sólo he intentado colocar ciertos elementos en la mesa para identificar posibles respuestas a las preguntas ¿Por qué, cómo y cuándo los sujetos deciden cambiar las instituciones en las que viven? ¿De dónde surge la necesidad del cambio en la sociedad desde los sujetos? ¿Es necesaria una ciudadanía global ante las fuertes crisis que enfrentamos como humanidad?

Como mencioné en el capítulo sobre las instituciones, si el orden simbólico no es capaz de seguirse legitimando a sí mismo en la sociedad –en el inconsciente colectivo de ésta-, las instituciones se deslegitiman y por lo tanto, se convierten en un elemento que genera caos y resquebrajamiento social; al mismo tiempo este caos y resquebrajamiento es una condición para replantear el orden simbólico y permite el surgimiento de sujetos de cambio conscientes. La construcción de nuevos imaginarios legítimos es clave en la construcción de nuevas instituciones.

En el proceso de construcción social, se generan sujetos transformadores, identidades colectivas que se convierten en transformadoras de la realidad. Apelan a la justicia, al reconocimiento del otro, al reconocimiento de la institución misma. Es necesario que ésta, la institución, sea capaz de generar espacios que ordenen y reflejen un orden simbólico común y que den respuesta a las demandas colectivas de cambio.

La interacción de los actores de luchas locales en los espacios globales así como la normatividad internacional de derechos humanos, ha permitido la generación de sujetos transformadores globales o identidades globales que se construyen a partir de símbolos y significados comunes que tal se ve se encaminen hacia una ciudadanía global. Estos sujetos si bien se construyen dialécticamente entre lo local y lo global, también buscan un cambio en la estructura cultural, en las concepciones simbólicas de la ciudadanía en general. La necesidad de construir en las instituciones espacios ordenados y ordenadores de las demandas de los sujetos, es imperante. La necesidad de reconstruir lazos de confianza entre instituciones y sujetos es también contundente. Habrá que sondear mucho más en las causas del surgimiento de sujetos transformadores y sus diferentes formas de acción en el ámbito global.

[1] Badiou mencionado en: Keucheyan, Razmig. Hemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos. Siglo XXI, España 2014.

[2] Castoriadis, Cornelius. La institución imaginaria de la sociedad. Fabula Tusquets editores, México, julio 2013. pp187

[3] pp. 193

[4] pp. 201

[5] Fraser, Nancy; Axel, Honneth, Redistribution or Recognition? A Political-Philosophical Exchange. Londres, Verso, 2003.pp36-37. Citado en Keucheyan, Razmig. Hemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos. Siglo XXI, España 2014

[6] Seyla Benhabib, Another Cosmopolitanism. Oxford, Oxford University Press, 2006.

Susana Cruickshank

Socióloga egresada de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco. Maestra en Cooperación Internacional para el Desarrollo en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora. Fue Investigadora y Coordinadora del Programa Diplomacia Ciudadana de Equipo Pueblo. Fundó el Centro de Estudios en Cooperación Internacional y Gestión Pública; encargada de Campañas de Oxfam Gran Bretaña para México, Centroamérica y El Caribe. Fungió como Directora de Campañas de Greenpeace México del 2009 al 2010; ha realizado diversas consultorías para fundaciones internacionales como GIZ (antes GTZ) y la Fundación Ford en temas de participación ciudadana en políticas públicas; fue Subdirectora en la Dirección de Vinculación con Organizaciones de Sociedad Civil en la Secretaría de Relaciones Exteriores de 2010 a 2012; apoyó en funciones de desarrollo institucional y recaudación de fondos al Instituto para la Seguridad y la Democracia del 2012 al 2013. Actualmente colabora en el área de vinculación e Incidencia del Instituto de Estudios y Divulgación sobre Migración, A.C. y se desempeña como consultora independiente.

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